Dicen que en algún lugar de la biblioteca del Colegio de Las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús de Villa Crespo, se encuentra un extraño libro de numerología, que contiene las cifras precisas de todos los acontecimientos que han ocurrido en el mundo, desde la invención de los números hasta la fecha, (y hay quienes sostienen que va más allá).
Los que gozan del extraño privilegio de haber sondeado sus incontables páginas, relatan las más insólitas enumeraciones.
Dieciocho mil novecientos treinta y cuatro, los pasos que dio Cristo hasta su crucifixión; ciento veintisiete, los escalones que subieron los esclavos con el féretro de Tutankamón para depositarlo; trescientos mil cuatrocientos dos, los padrenuestros que rezó en su vida la madre Teresa de Calcuta; ochenta y siete, el promedio de tronquitos que requiere el bicho canasto para hacer su nido... y así se pueden escrutar con exactitud (pese a que nadie nunca lo ha comprobado) el número de vueltas que han dado las manecillas del Big Ben desde su construcción; los centímetros que medía Michel Petrucciani; la cantidad de tinteros que Shakespeare utilizó en su vida, etc.
Hay quienes dicen que dicho libro tiene propiedades mágicas, y sostienen que sus páginas se van actualizando día a día, y que si se tiene mucha paciencia se puede ver en determinado momento, cómo los números que están escritos cambian delante de los sorprendidos ojos de sus lectores (citan especialmente el capítulo referido a la cantidad de baba desprendida por el caracol de antenas moteadas del Asia Central), pero afirman que esta tarea puede demandar varias horas, por lo que en definitiva los detractores sostienen que se trata de alucinaciones debidas a fatiga ocular. Otros que afirman que han visto en dicho libro la cantidad de veces que la compañera de banco les diría que no, hasta finalmente acceder a acostarse con ellos, y también la cantidad de veces que tendrían sexo con ella hasta que los abandone por el profesor de gimnasia del turno de la tarde.
También cuentan que hubo quien, habiendo encontrado la cantidad de segundos que le tocaría vivir, y al finalizar de realizar con minuciosidad las cuentas pertinentes descubrió que tan solo le restaban dieciséis, tiempo suficiente para cerrar dicho libro y volver a depositarlo en el estante donde lo había hallado.