Había llegado a la China hacía muy poco tras un largo viaje y me llevaron directamente al hotel que en otra época fuera el castillo del mago Shiang Pe.
Al entrar a mi habitación quedé cautivado por una escultura de marfil de una extraña mujer de rasgos hermosos pero de una expresión muy triste. Enseguida le pregunté al botones de quién se trataba y fue él quien me contó la historia que luego corroboré de otras fuentes.
La escultura representaba a Shiang Lin, la única hija de Shiang Pe quien en su época fue considerado uno de los magos más famosos del Gran Imperio. Esta gozaba con todo el amor y devoción de su padre quien pretendía que le diese la descendencia que él no había podido tener ya que su esposa había fallecido de unas extrañas fiebres al dar a luz.
Cuando Shiang Lin creció fue una de las mujeres más bellas que todo el imperio hubiese conocido y vinieron príncipes de todos los reinados vecinos a ofrecer todas sus riquezas a Shiang Pe a cambio de la mano de su hija, pero éste los iba desechando uno tras otro, y así fue por años y años.
Un día, Shiang Lin, cansada de los celos de su padre, decidió marcharse con el primer hombre que se le acercara y la mirase como una mujer vulgar y no como a la noble que en realidad era.
Una noche durante las celebraciones del cumpleaños del hijo del emperador de la China, su padre realizó actos de magia para toda la ciudad a pedido del Emperador y Shiang Lin se mezcló con el resto del pueblo conociendo a un labrador con quien decidió marcharse lejos de su padre.
Al finalizar los festejos, avisaron a Shiang Pe de lo ocurrido y éste exclamó la siguiente maldición para quien le hubiese quitado a su hija:
“Al cerrar tus ojos soñarás que no existe el sonido, y al despertar no podrás oir el trinar de los pájaros, luego soñarás que no existen los colores, y no podrás ver el azul del cielo ni el arco iris. Pero luego desaparecerá la luz y despertarás en penumbras. El sueño continuará más profundo y ya no existirá nada que te rodee en el mundo... Por último, Soñarás que el universo todo ha desaparecido...Y ya no tendrás lugar donde despertar”.
A los pocos días Shiang Lin regresó al castillo de su padre, y desde ese día ningún hombre se le acercó por temor a padecer tan trágica maldición.
Entregué una propina al botones y me recosté pensando en la leyenda de la pobre Shiang Lin.
En ese momento se apoderó de mi todo el cansancio del viaje y me llamó la atención un ruiseñor posado en la ventana del cuarto. No se aún si fue mi imaginación, pero creí ver como el ave movía su pico sin emitir ningún sonido.
Pese al agotamiento que tenía tomé mi equipaje y me dirigí a otro hotel, pero tuve la precaución de no llamar al botones por temor a que se burlara de mí.