Sé que hay acontecimientos dolorosos que nunca podré olvidar aunque quisiera porque el olvido nunca es voluntario, y el deseo persistente es el néctar de la memoria. Pienso a veces que el tiempo puede ser un bálsamo, pero no espero vivir tanto para sentir el efecto.
Tengo un amigo que cura personas en el África con un cortaplumas y no sé si algún día lo volveré a ver. Otros que en algún momento fueron mis hermanos y ahora han desaparecido. Una vida pasada que se me aparece en sueños erráticamente, y nunca en forma completa.
Tengo un hijo que me refleja cómo era yo en mi infancia, tan lejana que el velo del tiempo se encargó de cubrir, por suerte, parcialmente. Y él, una abuela que me devuelve a la madre que no recordaba.
También poseo una esposa eterna, y la memoria de mi padre que ya no está, pero sé que pinta con sus pasteles encantados las alboradas que me despiertan por las mañanas...
...A él le pido que interceda para que pueda atesorar incontables recuerdos con mi hijita enferma... quizás por los próximos ochocientos años.
(1997)