Comunicación publicada en la Revista Argentina de Cirugía en mayo de 1989, elaborada en el Departamento de Cirugía del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) de Buenos Aires, donde el autor había cumplido la residencia de Cirugía entre 1985 y 1988. Es la publicación científica más temprana registrada de Fabián Sebastián Donnini, que firma en cuarto lugar. Fue leída en la Academia Argentina de Cirugía en la sesión del 26 de abril de 1989.
El trabajo reúne tres pacientes operados de urgencia por rotura de aneurismas de la arteria gastroduodenal entre 1979 y 1987, ninguno asociado a pancreatitis, que es el antecedente habitual de estos aneurismas. En una paciente la rotura hacia el colédoco produjo hemobilia; en los otros dos el sangrado fue intraperitoneal. En el tercer caso, con el aneurisma adherido al duodeno, el páncreas y el hilio hepático, el sangrado se controló clampeando la aorta por debajo del diafragma a través del epiplón gastrohepático, maniobra que los autores no encontraron descripta en la literatura para esa situación. Los tres pacientes se recuperaron de la operación. La revisión bibliográfica reúne treinta y cinco referencias y se resume en tres cuadros sobre presentación clínica, diagnóstico y tratamiento.
Como era costumbre en la revista, la comunicación se publicó junto con la discusión que siguió a su lectura en la Academia, con intervenciones de los doctores Rubén Siano Quirós, Alejandro S. Oría y Enrique A. Sívori y el cierre del Dr. Aldo Bracco, y con un comentario posterior «a propósito del acta» de los doctores Carlos A. Sala y Sívori. Todo ese material se reproduce a continuación.
Ficha bibliográfica
Título: Aneurismas rotos de la arteria gastroduodenal
Sección: Comunicación
Autores: Figueroa MA, Bracco A, Zaefferer P, Donnini F, Ayub A, Giordanelli C
Institución: Departamento de Cirugía, Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC), Buenos Aires
Publicación: Revista Argentina de Cirugía, mayo de 1989; vol. 56, n.º 5, págs. 195–201
Presentación: Leída en la Academia Argentina de Cirugía, sesión del 26 de abril de 1989
Palabras clave: estómago — duodeno — arteria gastroduodenal — aneurisma — diagnóstico — terapéutica quirúrgica
Idioma: español, con resumen en inglés
Facsímil
Criterios de esta transcripción. El texto se reproduce tal como fue impreso, con su ortografía y sus erratas. Las llamadas bibliográficas, volados en el original, se transcriben como superíndices. Para proteger la identidad de los pacientes se omitieron sus iniciales y un número de historia clínica, tanto en el texto como en el facsímil.
- El resumen afirma que el tercer paciente murió en un accidente automovilístico dos años después; la casuística atribuye ese desenlace al caso 2 e indica que el caso 3 permanece asintomático.
- En la introducción, «esplénicos» figura donde el sentido pide «esplácnicos».
Texto completo
Pág. 195COMUNICACIÓN
ANEURISMAS ROTOS DE LA ARTERIA GASTRODUODENAL
- Dr. Miguel A. Figueroa * MAAC FACS
- Dr. Aldo Bracco ** MAAC FACS
- Dr. Patricio Zaefferer MAAC
- Dr. Fabián Donnini
- Dr. Alejandro Ayub
- Dr. Carlos Giordanelli
Del Departamento de Cirugía, Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC), Buenos Aires.
Resumen
Desde agosto de 1977 hasta mayo de 1987 se operaron 3 enfermos de urgencia por rotura de aneurismas de la arteria gastroduodenal, ninguno asociado a pancreatitis preoperatoria. En uno la rotura fue del colédoco produciendo hemobilia, ictericia y hemorragia digestiva. En los restantes la hemorragia fue intraperitoneal. En la enferma con hemobilia se realizó colecistectomía, coledocotomía y extracción de los coágulos de su interior, identificándose el aneurisma; no sólo con la observación directa, sino también con una colangiografía intraoperatoria. En el 2º se efectuó una colecistectomía por litiasis y en el 3º una colecistostomía por la misma razón. En los 2 primeros se ligaron los vasos aferente y eferente y se resecó el aneurisma en el 3º previo “clampeo” aórtico infradiafragmático se suturaron 3 vasos intraaneurismáticos resecando parcialmente el aneurisma y dejando una parte adherida a órganos adyacentes. En todos se identificaron las vías biliares y se controlaron los latidos de las arterias vecinas, antes y después de tratar el aneurisma. Dos enfermos permanecen asintomáticos y el 3º, también asintomático, falleció en un accidente automovilístico 2 años más tarde.
Summary
From August 1977 until May 1987, 3 patients underwent emergency surgical therapy for ruptured gastroduodenal aneurysm not associated with pancreatitis. Hemobilia from rupture in the common bile duct occurred in 1, the aneurysm ruptured in the abdominal cavity in the other 2. In the first patient a cholecystectomy and choledocotomy with removal of the intraluminal clots was performed. In the 2nd and 3rd patients a cholecystectomy and a cholecystostomy to treat gallbladder lithiasis was performed. The 1st 2 aneurysms were resected after ligature and section of the feeding vessels. In the 3rd the infradiaphragmatic aorta was clamped and an endoaneurysmorraphy was performed through the ruptured aneurysm to avoid injury of densly adherent organs or a wider resection. In all, the extrahepatic biliary ductus and the pulse of local arteries was assessed. Two patients are alive and free of symptoms; the 3rd cured, but died 2 years after surgery from an automobile accident.
Palabras clave: estómago - duodeno - arteria gastroduodenal - aneurisma - diagnóstico - terapéutica quirúrgica. Rev. Argent. Cirug., 56: 195-201, 1989.
* Miembro Académico Titular. Jefe del Departamento de Cirugía.
** Miembro Académico Titular. Jefe de Cirugía Vascular. Docente Autorizado de Cirugía, Facultad
de Medicina, Universidad de Buenos Aires.
Leída en la Academia Argentina de Cirugía, sesión del 26 de abril de 1989.
La ruptura de los aneurismas de la arteria gastroduodenal, los más raros de los aneurismas esplénicos, constituye una causa excepcional y grave de abdomen agudo. Hasta 1980 se publicaron 29 casos en la bibliografía de habla inglesa 7-13, el 59 % de ellos asociados a pancreatitis aguda o crónica. En una búsqueda reciente hay 15 más en la literatura extranjera, 2 presentados en el país por Siano Quirós y colaboradores 28, uno por Decoud y colaboradores 8 y otro por Achával y colaboradores 3. A su vez, la rotura intraperitoneal o la hemobilia, presentes en los casos que se describirán y motivo de este trabajo, son complicaciones infrecuentes de los aneurismas gastroduodenales.
Casuística
Caso 1: [iniciales omitidas], mujer de 42 años de edad. Durante el tratamiento de una úlcera gástrica y duodenal se internó por hemorragia digestiva alta, ictericia y dolor intenso en hipocondrio derecho. En la gastroduodenoscopia se encontraron 2 úlceras gástricas sin hemorragia. Se la operó de urgencia el 14-VIII-1979, realizándosele laparotomía transrrectal derecha. Se encontró la vesícula biliar muy distendida con abundante sangre en su interior y un gran aneurisma de 5 x 6 cm que por su topografía, se consideró de la arteria gastroduodenal. Se realizó la colecistectomía y coledocotomía extrayendo 3 grandes coágulos que ocluían la vía biliar principal.
En la colangiografía con intensificador de imágenes, se observó una ovoide, en continuidad con la vía biliar principal causada por el aneurisma. Luego de la maniobra de Vautrin-Kocher, se ligaron los vasos aferente y eferente y se resecó el aneurisma. Por el antecedente de las úlceras gástrica y duodenal, se realizó una gastroduodenostomía sin encontrarse lesión en actividad. Cursó un postoperatorio normal con curación de su enfermedad. En el examen histológico de la pieza operatoria se demostró un aneurisma micótico.
Caso 2: [iniciales omitidas], hombre de 64 años de edad, internado por dolor y distensión abdominal e hipotensión arterial. Una punción abdominal determinó la presencia de sangre en el peritoneo. No se encontró la causa de la hemorragia en una fibroendoscopía gastroduodenal. En la ecografía se detectó una importante cantidad de líquido intraabdominal compatible con sangre y litiasis vesicular.
Se operó de urgencia el 26-XII-1986, realizándosele laparotomía transrrectal paramediana derecha. Se encontró gran cantidad de sangre y coágulos en la cavidad peritoneal, un aneurisma de 6 x 8 cm de diámetro cuyos vasos se ligaron y se resecó el aneurisma; la litiasis vesicular se trató con una colecistectomía. En el postoperatorio presentó un íleo prolongado luego del cual permaneció asintomático hasta su muerte en un accidente automovilístico 2 años más tarde.
Caso 3: [iniciales omitidas], hombre de 62 años de edad. Se internó con dolor abdominal espontáneo y provocado, defensa y “shock” hipovolémico. Con la ecografía abdominal se comprobó líquido peritoneal presumiblemente hemorrágico y colecistitis litiásica. La seriada gastroduodenal y la endoscopia fueron normales. Se operó de urgencia el 6-III-1987, realizándosele laparotomía en boca de horno. Se encontró un hemoperitoneo de 2 lt aproximadamente y un aneurisma roto de 5 cm de diámetro firmemente adherido al duodeno, páncreas e hilio hepático. Se comenzó su disección pero se abandonó rápidamente por la continuidad entre la tumoración y los órganos vecinos y por la hemorragia abundante a través del aneurisma roto. Posteriormente se “clampeó” la aorta infradiafragmática a través del epiplón gastrohepático cohibiendo la hemorragia. Se abrió ampliamente el aneurisma y se suturaron 3 vasos en su interior. Se realizó una sutura endoaneurismática parcial y se extirpó parte del aneurisma, dejando colecistostomía con sonda de Pezzer por la litiasis. Lavado peritoneal y colocación de drenajes peritoneales. En el período postoperatorio tuvo un íleo prolongado y una fístula pancreática durante un mes que cerró espontáneamente. Recibió alimentación parenteral hipercalórica. En un estudio arteriográfico por cateterismo se demostró la oclusión de la arteria gastroduodenal; permanece asintomático.
Discusión
La pancreatitis aguda 1-20 o crónica 12-32, con o sin infección agregada, y posiblemente por acción directa de las enzimas pancreáticas sobre los vasos, son la causa más común de los aneurismas y pseudoaneurismas peripancreáticos. La arteriosclerosis 1 es la segunda, existiendo descripciones de aneurismas por displasia arterial, disección espontánea 12, colagenopatías 7, infección como el caso 1, por úlceras duodenales 35, traumatismos externos, o luego de cirugía biliar 10, pancreática 21 o gastroduodenal 10.
Se desconoce la incidencia 7 de aneurismas asintomáticos así como su historia natural. Se los en-
Pág. 197cuentra incidentalmente en estudios arteriográficos 7-30-32 por otras lesiones, pero la gran mayoría se diagnostican una vez complicados (cuadro 1).
| Casos | |
|---|---|
| Asintomático * | 5 |
| Hemorragia digestiva ** | 26 |
| Ictericia *** | 6 |
| Hemoperitoneo **** | 5 |
| Fístula arteriovenosa ***** | 1 |
| Asociado a pancreatitis ****** | 23 |
Citas bibliográficas
* 1, 7, 29, 30.
** 5, 6, 9, 13, 14, 15, 19, 20, 21, 25, 26, 28, 32, 33, 34, 35.
*** 5, 9, 16, 17, 24 y el caso 1.
**** 12, 23, 27 y los casos 2 y 3.
***** 4.
****** 6, 13, 14, 15, 19, 20, 24, 25, 26, 28, 32, 33, 34.
Los síntomas y signos dependen de la compresión local durante su expansión 5-9-16-17, de la rotura en órganos digestivos 6-13-26, en el retroperitoneo y/o en la cavidad libre 12-27.
Son frecuentes el dolor epigástrico 32 o en hipocondrio derecho, continuo 12-14-19 o intermitente 1 a veces difícil de distinguir del debido a patología pancreática, biliar y gastroduodenal. La hemorragia digestiva aguda 7-13 u ocasionalmente crónica 26 que llega al tracto gastrointestinal, a través de la perforación del aneurisma en pseudoquistes 15 o abscesos 13 o conductos pancreáticos, en el colédoco o directamente en vísceras huecas vecinas, también es frecuente 6-35. La rotura en el retroperitoneo o cavidad libre es menos común y excepcional la ictericia por compresión 5-9-16 o por obstrucción por coágulos, la fístula arteriovenosa en la vena porta 4 o la hipertensión portal. El tumor pulsátil puede ser palpado en algunos casos.
El diagnóstico requiere métodos auxiliares (cuadro 2). En años recientes la utilización de la arteriografía esplácnica realizada durante la hemorragia digestiva 1-9-20 o en busca de otra patología 4-29-30 permitió diagnosticar una proporción de aneurismas mayor que en períodos previos, siendo el único estudio que demuestra la imagen directa de la lesión, y en muchos casos permite planear mejor la táctica quirúrgica conociendo la circulación colateral existente. La radiografía contrastada 19-32 y la endoscopia 28 son útiles para descartar otras causas de hemorragia gastrointestinal pero no para definir el aneurisma.
| Casos | |
|---|---|
| Angiografía * | 30 |
| Laparotomía exploradora ** | 12 |
| Tomografía axial computada + angiografía *** | 3 |
| Doppler pulsado **** | 1 |
| Radioisótopo ***** | 1 |
Citas bibliográficas
* 1, 2, 3, 4, 7, 9, 13, 15, 19, 20, 23, 25, 26, 28, 30, 32, 33.
** 5, 12, 13, 16, 22, 27, 34, 35.
*** 13, 28.
**** 11.
***** 22.
Las imágenes de aneurismas, pseudoquistes u otros tumores o de hemorragia retro o intraperitoneal son evidentes con la ecografía 26 y la tomografía axial computada 13-28, solamente esta última es más específica para distinguirlos entre sí. Se ha descripto el diagnóstico con radioisótopos 22 y con Duplex 11.
Si bien existen algunos casos publicados de aneurismas asintomáticos que fueron observados durante años sin tratamiento 7, consideramos que dada la mayor experiencia con esta patología, la posibilidad de embolización por cateterismo y la elevada morbimortalidad de los aneurismas complicados, este criterio debe reservarse solamente para casos muy seleccionados. El tratamiento ha variado (cuadro 3), según la causa etiológica de los aneurismas, las enfermedades asociadas, la situación local y la experiencia y posibilidades del medio donde se atiende al paciente. Durante la operación es importante individualizar la arteria afectada, pues puede confundirse fácilmente con la hepática, esplénica o especialmente las pancreaticoduodenales, requiriéndose la palpación del pulso de las 2 primeras arterias y de la mesentérica superior, antes de excluir la arteria aneurismática. En los casos presentados la arteria gastroduodenal se identificó por su ubicación anatómica y además, en el último caso, por una arteriografía postoperatoria. También deben investigarse otras estructuras vecinas,
Pág. 198en particular la vía biliar principal y la vena porta para evitar su lesión. Existen casos descriptos en los cuales, en presencia de una hemorragia digestiva retroperitoneal, el diagnóstico de aneurisma roto fue difícil o imposible, habiéndose sugerido la utilización de una arteriografía intraoperatoria. El tratamiento quirúrgico más utilizado consiste en la exclusión del aneurisma con ligaduras proximal y distal o con puntos desde su interior que a su vez, cuando los aneurismas están rotos en pseudoquistes o abscesos, se abordan desde el interior de éstos. La elección entre ambos procedimientos de exclusión, depende de la situación local. La última técnica es de preferencia cuando existen adherencias firmes con los órganos vecinos y como en el caso 3 más de un vaso en el interior del aneurisma. No se encontraron descripciones sobre la reconstrucción arterial, pero deben efectuarse si su oclusión determinara la aparición de isquemia en territorios distales.
| Casos | |
|---|---|
| Ligadura * | 13 |
| Ligadura + resección ** | 6 |
| Endoaneurismorrafia *** | 8 |
| Duodenopancreatectomía **** | 3 |
| Embolización ***** | 10 |
| Electrocoagulación transcatéter ****** | 1 |
| Sin tratamiento ******* | 3 |
Citas bibliográficas
* 2, 3, 5, 12, 13, 14, 26, 27, 29.
** 1, 28, 34, 35 y los casos 2 y 3.
*** 2, 4, 9, 16, 27, 28, 29.
**** 15, 23, 34.
***** 10, 19, 20, 32, 33.
****** 25.
******* 6, 7.
La compresión manual, la colocación de “clamps” proximales o distales o en la aorta infradiafragmática son métodos efectivos de hemostasia mientras se colocan las suturas dentro del saco o se ligan por fuera. Este último, que no lo encontramos descripto en la literatura para esta situación, proporcionó en forma rápida y simple una hemostasia temporaria casi completa mientras se suturaba la arteria por dentro del aneurisma en el caso 3, difícil y riesgosa de obtener con disección más proximal en el aneurisma, debido a la hemorragia abundante del aneurisma roto y las adherencias íntimas a estructuras vecinas. No es necesario extirpar completamente las paredes del aneurisma si está adherido a otras vísceras. Si bien se han realizado duodenopancreatectomías para tratarlos 15, consideramos que deben realizarse esfuerzos para evitarla. El tratamiento de otras lesiones quirúrgicas, drenaje de pseudoquistes o abscesos ha sido habitual en casos relacionados con pancreatitis 13.
La mortalidad quirúrgica en el tratamiento de aneurismas de la arteria gastroduodenal y pancreaticoduodenales y grupo arterial con aneurismas de etiología y evolución similar, es de 47 %, posiblemente relacionada en parte a enfermedades asociadas.
Algunos autores utilizan de elección 20-32-33 la embolización transcatéter con diversos materiales para tratar los aneurismas complicados con hemorragia digestiva. En un estudio reciente la hemorragia se cohibió en el 79 % de 19 enfermos con aneurismas peripancreáticos sin mortalidad o complicaciones graves atribuibles al procedimiento. De los 19 casos, 6 correspondían a la arteria gastroduodenal, realizándose la hemostasia en todos 20.
Bibliografía
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Discusión
Dr. Rubén Siano Quirós * MAAC: Como acaba de expresar el Dr. Bracco estos aneurismas tienen baja incidencia. Deterling advierte sobre la posibilidad de confundirlos con los aneurismas del circuito pancreatoduodenal. Por eso en una comunicación que presentáramos a esta Academia, los llamamos aneurismas del circuito pancreaticoduodenal.
Hemos procedido de distintas maneras según el tipo de aneurisma. En el 1r trabajo presentado a esta Academia hace más de 20 años, en una enferma con síndrome coledociano y pilórico, y un enorme tumor de 15 ó 18 cm de diámetro, hubo que hacerle una duodenopancreatectomía. En otro caso presentado también en esta Academia, encontramos un aneurisma que era intramural duodenal; lo pudimos disecar prolijamente y resecarlo. En una 3ª ocasión ligamos el aneurisma que era intrapancreático e hicimos una endoaneurismorrafia obliterante con la técnica que describió Matas en 1904. En un 4º caso que trajimos a esta Academia, operamos un aneurisma que comprendía el tronco celíaco, la hepática común, la rama derecha de la arteria hepática y toda la arteria gastroduodenal, e hicimos lo que dijo el Dr. Bracco “clampeamos” la aorta por debajo del diafragma y tuvimos que extirpar la arteria esplénica coronaria estomáquica, tronco celíaco, hepática, hepática derecha y gastroduodenal; la operación terminó con un “bypass” de la aorta a la arteria hepática izquierda con un postoperatorio normal. Por eso creo que es conveniente conocer las alternativas de las diversas formas de tratarlos.
Acompaño al Dr. Bracco en que debe solucionarse cada vez que sea posible por la inyección intraarterial de sustancias obliterantes.
Hace poco tiempo tuvimos un enfermo con una enorme hipertensión portal, hombre de campo, a quien 50 años antes lo había atropellado un tractor; después de los estudios
* Miembro Honorario Nacional.
Pág. 200se comprobó un inmenso aneurisma arteriovenoso, que comprendía la arteria gastroduodenal, la cística y englobaba la vesícula con 65 cm de agua de presión portal. En este caso la operación consistió en la resección y anastomosis portosistémica.
Como se ha visto las variantes son muchas; el Dr. Bracco ha mostrado todas las posibilidades que el cirujano debe conocer porque en cada uno de estos casos puede ser necesaria una acción muy particular.
Dr. Alejandro S. Oría * MAAC: El trabajo de Figueroa presenta 2 aspectos para comentar. El 1º es la presentación de 3 casos muy raros de aneurismas de la arteria gastroduodenal; el 2º, a mi juicio aún de mayor interés, es enfatizar sobre las dificultades en su reconocimiento. De todos los métodos diagnósticos mencionados, con ninguno se realizó el diagnóstico preoperatorio, de modo que aún actualmente estos enfermos se operan de urgencia y el cirujano se lleva la desagradable sorpresa de hallar un aneurisma visceral sin localización previa arteriográfica.
Recientemente tuvimos en nuestro Servicio la oportunidad de tratar un seudoaneurisma de la arteria cística en un enfermo colecistectomizado 3 meses antes. Pese a que existía una imagen preoperatoria típica de aneurisma, interpretamos equivocadamente que se trataba de una colección subhepática postoperatoria.
El diagnóstico preoperatorio de esta patología es fundamental, ya que si se trata de un aneurisma intrapancreático se puede intentar inicialmente su embolización. Más importante aún es el conocimiento preoperatorio de su localización y la distribución del resto de las arterias viscerales. Esto evitaría la endoaneurismorrafia un poco a ciegas que ha relatado el Dr. Bracco. De todos modos, parecería que sólo si se piensa en esta patología se puede llegar a su diagnóstico preoperatorio.
Dr. Enrique A. Sívori ** MAAC FACS: Quiero aportar un caso que tuvimos oportunidad de operar en el mes de enero y quedo comprometido para traer la documentación en la próxima sesión. Este paciente lo operamos con un síndrome coledociano completo; el estudio con tomografía computada, que me parece puede ser útil para sospechar la presencia del aneurisma, informaba la presencia en la cabeza del páncreas de un quiste del colédoco. Se observaba solamente en la porción intrapancreática, por lo tanto no podía ser un quiste de colédoco; esta imagen de acuerdo a nuestra experiencia con la tomografía computada en esta zona anatómica casi patognomónica, mostraba una lesión quística muy localizada en la cabeza del páncreas y en contacto íntimo con el colédoco. En este caso nosotros no pensamos en un aneurisma y lo operamos sin diagnóstico. Si le hubiéramos hecho un estudio angiográfico preoperatorio, seguramente lo hubiéramos operado con diagnóstico. A este paciente después lo tuvimos que reoperar y hacer una duodenopancreatectomía en plena hemorragia porque se rompió el aneurisma.
Cierre de la discusión
Dr. Aldo Bracco MAAC FACS: El objetivo de esta comunicación es fundamentalmente el mismo que comentan los Dres. Siano Quirós, Oría y Sívori, vale decir alertar sobre esta patología que en series extranjeras también tiene una mortalidad alta y sobre el tipo de tratamiento que puede hacerse, no pensando en grandes resecciones e intentar solucionar el problema, si se puede, con una ligadura-resección o con una endoaneurismorrafia, como el caso que describiera el Dr. Siano Quirós en su trabajo y el caso 3 nuestro.
Para nosotros y en la mayoría de los casos seguirá siendo una patología de diagnóstico intraoperatorio. La ecografía como dijo el Dr. Sívori, puede sugerir el diagnóstico, a veces no se va a disponer de la tomografía computada con la urgencia necesaria, menos todavía la arteriografía preoperatoria. Como dijo el Dr. Siano Quirós tanto los de la arteria gastroduodenal como el circuito pancreaticoduodenal, tienen síntomas y etiologías muy similares, por lo que pueden ser considerados aneurismas gemelos y así se los trata a veces en la literatura. El Dr. Oría muestra un pseudoaneurisma que supongo es postquirúrgico.
Hay casos descriptos de aneurismas y pseudoaneurismas de la arteria gastroduodenal secundarios a toda la cirugía que se hace en el sector.
También se debe mencionar que hay un trabajo presentado hace varios años, en el cual se informa que la arteriografía se hizo durante el intraoperatorio. Puede ser difícil para el cirujano que encuentra un gran hematoma retroperitoneal que infiltra todos los órganos vecinos, saber exactamente de donde proviene la hemorragia pudiéndose hacer una arteriografía intraoperatoria. Seguramente con el caso del Dr. Sívori tendremos un panorama completo de los casos tratados en Buenos Aires por los cirujanos que concurren a esta Academia.
A propósito del acta ***
Dr. Carlos A. Sala ** MAAC: Quisiera referirme a un aspecto de este tema, los errores de diagnóstico no sólo clínicos y preoperatorios, sino también intraoperatorios que llevan a cometer los consecuentes errores de tratamiento y que en estas circunstancias ponen en serio riesgo la vida de los pacientes como ocurrió en los 2 casos que tuve oportunidad de tratar.
El primero fue un enfermo de 52 años de edad, había sido operado de urgencia en un centro asistencial del Gran Buenos Aires por presentar un cuadro de abdomen agudo con “shock”, siendo el diagnóstico operatorio ante la presencia de un hematoma retroperitoneal peripancreático con infiltración hemorrágica del meso, de pancreatitis hemorrágica y litiasis vesicular. La aorta y las ilíacas fueron normales, se efectuó drenaje de la cavidad peritoneal y colecistostomía previa a extracción de cálculos. A las 72 horas de operado, el enfermo fue trasladado por razones de cobertura médica a un sanatorio de esta capital; llegó con grave cuadro de “shock” hipovolémico sangrando abundantemente por uno de los drenajes peritoneales y por la peri-
* Miembro Asociado Titular. ** Miembro Académico Titular. *** Leída en la Academia Argentina de Cirugía, sesión del 3 de mayo de 1989.
Pág. 201sonda de colecistostomía, tuvo un paro cardíaco antes de llegar al quirófano y se efectuó la relaparotomía sin anestesia, hallándose gran hemoperitoneo y luego de confirmar la indemnidad de la aorta y de las ilíacas, se encontró un aneurisma de la gastroduodenal de 2 cm de diámetro que se resecó suturando los cabos. El enfermo se recuperó, cursó con insuficiencia renal aguda que obligó a 6 semanas de hemodiálisis, pero finalmente curó salvando su vida que estuvo seriamente amenazada.
El segundo caso corresponde a un enfermo de 63 años que 6 días antes por presentar un cuadro de dolor abdominal poco claro, seguido de íleo y caída brusca de su hematocrito fue intervenido en un sanatorio de Buenos Aires, con diagnóstico de obstrucción intestinal vinculada a una hernia inguinoescrotal de larga evolución. En el momento de la apertura del saco peritoneal, según el informe recibido, manó abundante cantidad de líquido serosanguinolento, no se pudo demostrar compromiso mecánico visceral; a las 48 horas del postoperatorio tuvo un nuevo episodio de descompensación hemodinámica que obligó a la transfusión de 1.000 cm3 de sangre. Un estudio ecográfico del abdomen demostró aorta normal, páncreas normal y colección retroperitoneal retropancreática sin otras afirmaciones por las dificultades dadas por el íleo; al 5º día sin resolver su cuadro abdominal y compensado hemodinámicamente fue trasladado al hospital de Clínicas e internado en la por entonces IV Cátedra de Clínica Médica, donde a las 24 horas presentó un grave cuadro de “shock” hipovolémico con punción abdominal positiva, sin presión sanguínea registrable. Consultada en extrema urgencia la 1ª Cátedra de Cirugía, el enfermo fue operado de inmediato y nos encontramos con un hemoperitoneo de 2 lt, mesos infiltrados, un gran hematoma subhepático y el retroduodenopáncreas que había provocado una verdadera maniobra de Kocher. La aorta y las ilíacas eran normales, pero la exploración de los vasos viscerales, al investigar el pedículo hepático y el retroduodenopáncreas, mostró un aneurisma de una rama de la gastroduodenal, presuntamente una pancreaticaduodenal de 2 y 1/2 cm de diámetro sangrando abundantemente. Se procedió a la resección y a la ligadura proximal y distal, el enfermo se recuperó y fue dado de alta al 9º día cursando con una evisceración subcutánea que se controló con maniobras externas.
La forma de evitar este error es pensar en la posible existencia de esta rara patología y el cirujano está obligado a la exploración de los vasos viscerales cuando la causa de la hemorragia no aparece con claridad.
Dr. Enrique A. Sívori * MAAC FACS: Traemos la documentación anunciada sobre un caso como aporte al trabajo del Dr. Bracco. Se trataba de un hombre que operamos en el mes de enero de este año, de 49 años de edad (H. Cl. Nº [número omitido]). Consultó por un síndrome coledociano completo con ictericia muy intensa pero sin dolor, llamaba la atención el excelente estado general que presentaba. En ese momento se le hizo una ecografía como primera maniobra diagnóstica y encontramos una vía biliar extrahepática discretamente dilatada con una vesícula biliar también dilatada, no pudiendo asegurar el ecografista la presencia de una presunta microlitiasis, pero sí refería que encontraba en la porción intrapancreática del colédoco, una gran dilatación, un quiste de colédoco, sin poder precisar el diagnóstico. Por ese motivo le hicimos además una endoscopia digestiva alta para ver si había algo en la papila, fue negativa y pedimos una tomografía computada de abdomen superior, que voy a mostrar porque me parece de indudable valor diagnóstico.
Proyección: En un corte tomográfico del abdomen superior (no se ve bien la imagen hepática), vale decir que es un corte bien a nivel de la cabeza del páncreas; hay una imagen hipodensa que corresponde a la porción intrapancreática del colédoco, pero que no es lo que se ve habitualmente en un tumor de la cabeza del páncreas (diagnóstico diferencial posible). Esta imagen tomográfica en un paciente con una ictericia obstructiva, sin dolor, en buen estado general, un hombre joven, creo que a partir de ahora nos hará pensar un poco más en el diagnóstico de aneurisma. Intervenimos a este paciente sin diagnóstico preciso y nos encontramos con un tumor pulsátil en la cabeza del páncreas que estaba realmente como metido dentro de ésta. No podíamos precisar qué vasos nutrían este tumor y observamos una vesícula biliar distendida (que se puede ver en la tomografía), de manera que procedimos a extirparla y a hacer una colangiografía. Encontramos un “stop” completo en la parte baja del colédoco, sin pasaje al duodeno. La duda que teníamos era precisamente que no fuera un aneurisma de la arteria hepática, naciendo de la arteria mesentérica superior y como no teníamos un estudio angiográfico previo, decidimos dar por terminada la operación dejando un tubo de Kehr para descomprimir la vía biliar, mejorar la ictericia, hacer una angiografía digital y operarlo en un 2º tiempo. En el postoperatorio este paciente se complicó con hemorragia digestiva lo que obligó a operarlo de urgencia, no obstante en el momento que empezó a sangrar pudimos hacerle un estudio angiográfico; voy a mostrar como se ve perfectamente en una angiografía digital hecha por la mesentérica superior, se ve muy bien la arteria gastroduodenal, la imagen suspendida y el nacimiento de la arteria hepática. Al paciente finalmente lo llevamos al quirófano en “shock”. Quiero mencionar una maniobra que nos resultó muy útil y que el Dr. Siano Quirós destacó en la discusión del miércoles pasado, es el “clampeo” de la aorta, que un cirujano general puede hacer fácilmente buscándola a nivel del hiato esofágico. En este paciente fue la única forma de detener la hemorragia, abrimos el duodeno y encontramos una perforación del aneurisma, además un gran hematoma retroperitoneal; pudimos “clampear” la aorta y taponar el aneurisma, ligar la arteria gastroduodenal y de esta forma detuvimos la hemorragia y completamos una duodenopancreatectomía. En la pieza quirúrgica, se muestra el páncreas y gran hematoma con cavidad dentro del duodeno que ya está abierto.
Me parece muy importante poder hacer un diagnóstico previo y si se encuentra una imagen tomográfica en un paciente con las características que hemos descripto, creemos que antes de operarlo es conveniente hacer una angiografía y luego con un diagnóstico preciso operar en condiciones electivas. Este paciente falleció 2 meses después de operado con complicaciones sépticas post “shock” hemorrágico.
* Miembro Académico Titular.
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